Homenaje a Benedetti

El torero avergonzado

Mario Benedetti era ya una leyenda aún antes de su muerte. Y para estar en la leyenda hay que ser el poeta en singular, de quien la gente se sabe poemas enteros, y uno los repite al amanecer en la mesa del bar entre los amigos, otro se los dice al oído a la novia que a su vez se los sabe también. Un poeta para todas las edades, para los años de nostalgia, cuando se van quedando atrás los años como fantasmas diminutos, y para los de la adolescencia, cuando empiezan a aparecer esos sueños que después serán fantasmas.

Estaba yo una vez en Alicante y Mario iba a dar un recital de sus poesías en Murcia y me fui yo a buscarlo. Caminamos desde el hotel donde se alojaba al Teatro Romea, que está en la plaza Julián Romea, donde le tocaba el recital, y él, que siempre parecía abrumado por todos los pesares del mundo, los suyos y los ajenos, iba callado, preocupado digo yo, porque otra vez iba a enfrentarse al público como si no tuviera ninguna experiencia, como si no hubiera andado de gira tantos años con Nacha Guevara por los teatros de América Latina, él recitaba y ella cantaba, o en el escenario con Serrat, o con Sabina, que cantan sus poemas como las cantaba Nacha. No me vas a decir ahora, Mario, que no sos de las tablas. O peor, como si a las puertas del teatro lo esperara alguien para decirle al oído: tenemos poca gente, esperemos unos minutos, es que el tiempo, el transporte, hay exámenes en la universidad, los muchachos ocupados estudiando.

Y ya estábamos allí frente al teatro, y nos despedíamos por el momento porque a él se lo llevaban para que entrara por la puerta de los actores, pero había un tumulto en las gradas y entonces le dije: mirá, Mario, hay gente de sobra, no han abierto todavía las puertas y ya es hora en que esto fuera a comenzar. Y quien de entre los organizadores del recital se lo llevaba, un muchacho se seguro aprendiz de poeta, dijo con un brillo de gozo en los ojos: qué va, si es adentro que ya está lleno, esta gente se quedó afuera y ya no pudo entrar. ¿Qué era aquello? ¿Una corrido de toros de cartel mayor, el concierto de un rock star, o el punto final de un reality show, o qué?

Y adentro, era cierto, la gente estaba que rugía y no cabía un alma, todas las plazas tomadas, centenares de adolescentes sentados hasta en los pasillos laterales porque ya no había asientos libres, y todo el mundo impaciente, arrancaban conatos de aplausos demandando que era hora de empezar, y luego se abrieron por fin las cortinas y apareció Mario como un torero avergonzado porque no más verlo el público entrar empezó una ovación  que no terminaba y aquello era un desorden.

Primero, que se callaran los aplausos y que se callaran los que se habían quedado afuera y que parecía que iban a botar las puertas, y él allí en el escenario, agobiado no sólo por los aplausos, sino por todos los pesares del mundo otra vez como siempre, los suyos y los ajenos, un fardo de dolores y de indignaciones tantas, y luego ya por fin sentado frente a una mesita con una lamparita verde, pero nadie quería respetar el orden del recital porque cada quien pedía un poema a gritos, no sólo dando el título, sino que el solicitante empezaba a recitarlo, todos enardecidos por las palabras como en una gran rebelión juvenil, de las que le gustaba a Mario que se dieran en las calles y en los países sometidos a iniquidades, haciendo lo que podía para imponerse hasta que su propia voz los fue callando a todos y entonces una sentía la presencia del milagro y cómo la leyenda iba haciéndose carne entre nosotros, Mario leyendo ya a la luz de su lamparita verde con voz suave y pausada sacada de las entrañas del sur desde donde venía y donde ahora se quedó sin olvido y tan lleno de memoria.

Este texto fue publicado en la edición 30 (junio-julio) de www.caratula.net

——————————————————————————————————–

sergioramirezmercado

Sergio Ramírez nació en Nicaragua en 1942. En su obra literaria figuran, entre más de una treintena de libros, Castigo divino (1988), Premio Internacional Dashiel Hammett de Novela; Un baile de máscaras (1995), Premio Laure Bataillon a la mejor novela extranjera en Francia en 1998; Margarita está linda la mar,  Premio Alfaguara de Novela 1998, y Premio Latinoamericano José María Arguedas en el 2000. Así también Cuentos completos (1998), con prólogo de Mario Benedetti; Adiós Muchachos, memoria de la revolución sandinista, (1999); el libro de cuentos Catalina y Catalina (2001); Mentiras Verdaderas (2001) y El viejo arte de mentir (2004); las novelas Sombras nada más (2002) y Mil y una muertes (2004); Señor de los Tristes, ensayos sobre escritores y escritura (2006),  El reino animal, cuentos (2006), Tambor olvidado, ensayos (2007) y El cielo llora por mí (2009).


Una respuesta a “El torero avergonzado”

  1. Florencio Quesada Vanegas dijo:

    Hola Sergio, disculpe el abuso de confianza. Desde que nos dejo el poeta Mario Benedetti, he leido muchos comentarios sobre el largo camino que anduvo, antes de alcanzar la cumbre de las aguilas . Hoy que recibo un correo de mi amigo y hermano Luis Armando Rocha U., abri una de esas ventanas que nos miran por internet: desfilaron por esa alfonbra roja grandes escritores del hermano pais de Nicaragua, entre ellos el de Don Sergio Ramirez Mercado. Siempre es una alegria dejarse atrapar por su exquisita prosa, como quien rema un bote en un rio de aguas tranquilas. En cada renglon lo sorprende un golpe de viento, que solo el buen escritor y conocedor del arte de despedazar las palabras, para luego encontrar la luz en esa prosa inesperada, en la gran ciudad de los grandes escritores. Don Sergio, nos hace vivir el momento, como si estuvieramos compartiendo una tacita de cafe, con Don Mario Benedetti y su persona.

    Me duele, la posicion de las autoridades del hermano pais del norte, el habernos privado de leer el prologo de su autoria, en la Antologia del poeta Carlos Martinez Rivas, que no vio salir el sol por su ventana. Una lastima o un crimen diria yo, en el maravillo mundo de las palabras.

    Florencio De La Asuncio
    Premio Una Palabra, UNA. 2006,
    con el Libro Los Cuervos.

    Liberia. Costa Rica

Trackbacks



Deja un comentario