Participan en mesa redonda Alejandro Serrano C., Julio Francisco Báez y Carlos Tunnerman Bernheim

Homenaje a Edgardo Buitrago Buitrago y Octavio Robleto

buitrago

Un merecido homenaje realizará el Centro Nicaragüense de Escritores (CNE) al doctor Edgardo Buitrago Buitrago y al poeta Octavio Robleto. El evento se efectuará el viernes 27 de noviembre, a las seis de la tarde. El Dr. Alejandro Serrano Caldera presidirá este homenaje, acompañado de Julio Francisco Báez y el Dr. Carlos Tünnermann Bernheim. También estarán presentes como comentaristas, el poeta Luis Rocha y Ernesto Castillo. La entrada es libre. El CNE está ubicado en Reparto Los Robles de Managua, del Hotel Seminole 2 cuadras al sur.

A continuación compartimos un texto escrito por Sergio Ramírez acerca del poeta Octavio Robleto, quien falleció en octubre de este año. El artículo fue publicado en la edición 147 de la revista “Magazine” de La Prensa y en www.sergioramirez.com

EL BUSCADOR DE PAISAJES

Sergio Ramírez

Para Octavio Robleto la poesía fue siempre una emanación de sí mismo, parte de su propia naturaleza. Nada de lo que es poesía le fue ajeno, y así la convirtió en una actitud de vida que necesariamente debía expresar con las palabras, para comunicarla como un sentimiento inmanente, que era al mismo tiempo una necesidad orgánica. Una manera de ser poeta natural, y al mismo tiempo un poeta de la naturaleza. Y para ser un poeta que vive dentro de la majestad de su oficio, donde no hay nada que le sea extraño, se necesita existir en estado de gracia, es decir, sin malicia, sin la malicia de la intermediación artificial entre el mundo natural y el mundo interno, el laboratorio donde se elaboran las palabras.

Nada mejor lo define que el título de su libro de prosas poéticas de 1999, El buscador de paisajes. Su poesía tuvo siempre un sentido bucólico, alentada por una búsqueda sin fin de la naturaleza, retratada en sus escritos en acuarelas de colores sencillos, nunca estridentes ni dramáticos, lo que viene a ser la condición de lo bucólico, el mundo puesto en clave de lo elemental para celebrar con alegría las cosas sencillas que tienen esa inefable condición cotidiana.

El buscador de paisajes que podemos encontrar desde su primer libro de juventud, Vacaciones del estudiante, publicado en 1964, una bitácora de su encuentro con la tierra chontaleña, en la que halló sus mejores motivos de emoción y de descripción, y también en otros como Noches de Oluma, de 1972.

Fue un cronista de Chontales, su dimensión telúrica original y trascendente en su apreciación de la naturaleza, igual que otros cronistas fieles al mismo paisaje como don Carlos A. Bravo, cuya prosa estremecedora, de la que hay una muestra en Nicaragua, teatro de lo grandioso, lo pone entre los mejores de la escritura nicaragüense, y como lo sigue siendo Guillermo Rothschuh Tablada, desde los tiempos siempre presentes de sus Poemas Chontaleños, que son también fundadores.

Octavio entra en la naturaleza con ojos de inocencia, porque su paisaje es el paraíso. Desnudo bajo la lluvia que llena el cielo de relámpagos en las noches de Oluma, y desnudo también bajo los soles del rojo verano encendido de chicharras junto a los pajonales de Cuisalá. Desnudo como el niño que siempre fue, atento al milagro permanente de la vida que se expresaba ante sus ojos en los asombros cotidianos que la naturaleza le deparaba de manera generosa, y que él supo repartir, y compartir, por medio de las palabras; repartir y compartir sus propios dones.

Y como todo poeta bucólico, que tiene ojos inocentes frente al paisaje, y que sabe vestirse con los colores del paisaje para convertirlo en su propia piel, sabía huir hacia la naturaleza en busca del consuelo de la pureza para librarse de la contaminación, y sabía contemplarla con ojo puro, y oírla con oído puro, balidos, relinchos y gorjeos, el discurrir del río entre las piedras pulidas por su incesante paso milenario, los ecos del viento despeñándose desde las cumbres dentadas para correr libremente por los llanos. El nombre, el color y el sabor de las frutas, el silbido de los pájaros entre los ramajes, el salto plateado de los peces en la corriente.

El universo encantado de un niño que no abandona su paraíso, y que a la hora de la muerte vuelve a mirarlo con la misma inocencia desnuda que le regalan sus palabras de poeta. El poeta siempre fiel a sí mismo, es decir, a su propia naturaleza de buscador de paisajes.

Cambridge, octubre 2009.
www.sergioramirez.com


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