Edwin Yllescas Salinas

Teoría del ángel

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Edwin Yllescas Salinas. Nació en Managua, Nicaragua. Ejerce la escribanía contemporánea al servicio del Ogro Filantrópico. Desde 1959 sus textos –poesía y narrativa- han tenido presencia (y ausencia, nada del otro mundo) en diarios y revistas de Nicaragua, Centroamérica y México.

Ha publicado Lecturas y otros poemas (1969). Algún lugar en la memoria (1996), y La vela de los sueños (1998), textos a los que ahora se agrega Teoría del Ángel.

Tableaux vivants, Teoría del ángel, no tiene, jamás tuvo y nunca tendrá nada que compañerizar con la generalización axiológica del angelato teológico. Mucho menos, con la “plaga sagrada” –mixtura extática y arrobadiza de los cantos místicos.

Todo lo contrario. Teoría del ángel es carne, cama, hueso relamido. Carne pero no celeste, ni divina, ni marmórea –ni carne que pudo ser de este, y fue del otro. Magra, flaca, abollada, abierta, desguazada, doliente como todo lo vivo y ferozmente vivido con ironía, sátira y sorna, tanto como ingrimidad, tristura, desolación, y aun relación aberrante ¡pero anda ingrata como a mi me pagas!…! aúlla la Chavela Vargas- es, no la materia, sino la sanguaza alegre, dolorida, turbulenta que arrastran las páginas de Teoría del ángel.

Innominado más bien escorado en las técnicas o invenciones del sufí amatorio, el lactante de Teoría del ángel, falaz, falo tropical teorizante –a partir de una charcona, lacustre, escatológica vida –alguna vez corrientes aguas, puras, cristalinas- marca, señala, fija organiza de corcho –otro Cojuelo en Cojimar- muestra al amante exacerbado que, casi todo cuanto el hombre puede tocar en el ojo polifémico, en la mitad de la frente buchona, peludo arcén hembril, es simple ilusión, zurriago cotidiano.

No hay Ulises. Miente el ciego. Ulises, nunca existió. Tizón o Tizona, miente el anónimo, no significan nada. Nada pueden. Nunca pudieron. Ni antes ni después. Del lado de acá, del lado de allí, en el Principio, nunca hubo nada. Eso dice el Campeón de los ángeles –y otras voces diversas, arcaicas arcanas, otras prosas profanas se lo enrostran. Dictum para que él lo diga a jóvenes mancebos.

TEORÍA DEL ANGEL es un texto soberbio por su lúcido extravío. Por colocarse demoníacamente más allá de Dios y lo sagrado. En un al di lá de toda escritura conocida. Su lugar está ganado por una escritura poética suprema: por su posición de testigo cenital y supradivino, por su potens creativo que transmuta la cotidianeidad del amor y desamor femenino en una extraordinaria teoría del género y por un prístino lenguaje fundador de un neobarroco de claroscuros fulgantes.

TEORÍA DEL ANGEL posee la particular virtud que sólo excepcionales obras maestras de la literatura tienen: la de consumirse en sí misma. Mecha quemándose. Esta autofagia ígnea le otorga al texto una infinita posibilidad de lecturas inagotables y recurrentes, lejos del trono del hastío. Muchas de sus magistrales líneas serán aprisionadas y verbalizadas y declamadas en bares y bachatas, barras y cantinas, como única forma de exorcizar su poder y el de los ángeles. Memoria y oralidad son las únicas defensas que como lectores nos quedan, frente a esta escritura que sencillamente no tiene parangón ni precedente.

Anastasio Lovo


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