Francisco de Asís Fernández

Espejo del artista

Francisco de Asís Fernández, Nacido en Granada, Nicaragua, en mayo de 1945. Poeta, hijo del poeta Enrique Fernández Morales y miembro del Estandarte de Bandoleros que se agitó en la Granada de los sesentas, con incursiones en la narrativa, el ensayo literario y político y el teatro. Ha vivido en Estados Unidos, España, México y Puerto Rico. En 1970 fue uno de los reanimadores del grupo Praxis, en su segunda época. Antólogo de Poesía Política de Nicaragua (1979). Autor de A principio de cuentas (1968). La sangre constante (1974), En el cambio de estaciones (1981), Pasión de la memoria (1986), Friso de la poesía, el amor y la muerte (1977), Árbol de la vida (1998) y Celebración de la inocencia (2001).

Francisco de Asís Fernández dice que es el mejor poeta del mundo; algo que casi todos los poetas creemos de nosotros mismos pero casi ninguno nos atevemos a afirmarlo con esa feliz desfachatez, por falso y verdadero pudor ante las magnas figuras de la poesía o por verdadera soberbia. Su afirmación es honesta y válida porque revela que Asís Fernández asume su destino o fatalidad, tiene la convicción, la certidumbre de su vocación y la conciencia de su instrumental para expresar su mundo.

El espejo se le preste al artista para reflejar al poeta y su mundo interior y exterior, es decir, para fijarse y reconocerse como artista y hombre; pero debido al baho del alimento del creador, el espejo lo oculta. Revelación ocultamiento: visión, imagen, figuración transfiguración, con sabor neobarroco. Precisamente Espejo del artista, se llama su nuevo poemario, que viene a confirmarlo como uno de los mejores y más diversos poetas de los sesenta. Sobreposición rostros, simultaneidad de voces y tendencias, polifonía.

Poesía frondosa, verbalista, verso de ancha respiración, formas en libertad. Irracionalista en muchos aspectos, que ubican su poesía dentro de la actual postmodernidad, pero con sus mismas obsesiones y constantes temáticas, Granada, los abuelos por los cuatro costados, la madre, el padre, la infancia, el paisaje mítico, el amor, el cuerpo, los siete pecados capitales que transforma en siete virtudes teologales y el paraíso, el purgatorio y el infierno por donde entra y sale ileso.

Narciso frente al espejo y en esa búsqueda escribe y reescribe, canta y se desencanta, retorna y torna, recomienza, crea y recrea el mundo, lo quiere transformar y se hunde en sí mismo.

Francisco de Asís Fernández bien podría repetir con Salomón de la Selva estos versos:

Mis ojos, ¿son mis ojos? Mi voz ¿no es eco?

¿Tendré substancia propia? ¿No seré hueco

Donde se estanca el agua y se repite un grito

De qué lluvia con trueno, en qué olvidado mito?

Julio Valle Castillo


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