Fatalidad del poeta
Lisbeth Ruiz Amador
El taller “Oficio de la poesía” impartido en el Centro Nicaragüense de Escritores, por el poeta Julio Valle-Castillo, es un espacio para aquellos interesados en desarrollar nuevas técnicas de escritura y reforzar los presaberes.
En la primera sesión, que dio inicio el 23 de agosto, el poeta Julio Valle-Castillo comentó acerca de la ciencia de la filosofía y su relación con el arte y la literatura. Afirmó que “si hay algo que no es democrático, es el arte”. De ahí que la vocación, entendida como la inclinación a un estado, profesión o carrera, y en el caso que nos ocupa, la vocación o aptitud para escribir poemas no siempre sea una profesión a la que podamos dedicarnos como un oficio ejercido públicamente, es más bien una fatalidad, un destino que no podemos evitar: la fatalidad de ser poetas, que al mismo tiempo nos hace sacar de nuestro interior los sentimientos, alegrías, tragedias, desamores y sinsabores de la vida, para que la sociedad se haga de ellos; es como un dios que nos agita las entrañas y nos hace crear con palabras vivencias reales o imaginarias.
El poeta nunca está contento con la sociedad en la que le ha tocado vivir, sin embargo, asume su destino, su vocación, su fatalidad y desde ella protesta contra todo y todos.
Ésta es mi reflexión del primer encuentro que tocó nuestro “ser poeta”, haciéndonos tomar conciencia de la posición que tenemos en la sociedad, así como del compromiso con ésta desde nuestro quehacer literario.
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*Lisbeth Ruiz Amador nació en Masaya, Nicaragua. Estudió Derecho en la Universidad Centroamericana (UCA). Poeta integrante del grupo literario Lituz, algunos de sus poemas están compilados en la revista del mismo nombre y en su blog personal www.ars-lis.blogspot.com

febrero 4, 2011 a las 1:36 PM
Muy bien, estupendo artículo, aunque lo de fatalidad suena un poco negativo.